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lunes, 2 de julio de 2012

CUENCA DESDE LA POESÍA DEL 27




Decía García Lorca que "La hija directa de la imaginación es la metáfora". Pero también dijo que "la imaginación está limitada por la realidad: no se puede imaginar lo que no existe."Tanto Diego como Lorca conocieron Cuenca; el primero, al que le unió una buena amistad con Federico Muelas, viajó hasta en cinco ocasiones, y del segundo tenemos constancia de un viaje de tres días en el año 1932, aunque se presupone que pudo venir alguna otra vez. La relación poética de Diego con Cuenca no se limita a los dos romances citados, sino que dedicó algunos poemas más a
diversos lugares, parajes o motivos: "Pinares", "Hoz del Cabriel", "Alba de luna", "Domingo de Ramos en Cañete", "Desde el tren (Tierras de Cuenca)" y un soneto a "La Ciudad Encantada". En una entrevista concedida al crítico literario Florencio Martínez Ruiz, aparecida en 1975 en la revista provincial Cuenca, el poeta se refirió al cariño que sentía por estos poemas conquenses:
"Salvo composiciones dedicadas a lugares donde he permanecidomucho tiempo, Santander o Sevilla, mis poemas de Cuenca están entrelo más querido. La crítica también los ha elogiado mucho."
Es conocida la afición viajera de Gerardo Diego, que le llevó a visitar casi toda España, así como otros países europeos y americanos. Gerardo Diego viajó a Cuencapor primera vez en el año 1926; en la citada entrevista, Diego recordaba aquel momento con las siguientes palabras:
"Yo tenía un primo, Rosendo, que atendía las propiedades del duque de Peñaranda, en Cañete. Y me invitó a pasar unos días con él. Era,creo recordar, el Domingo de Pascua de 1926. Dormí una noche en la pequeña ciudad de don Álvaro de Luna."
Respecto al soneto de Lorca, forma parte de la colección de once sonetos publicada en 1984 por el diario ABC con el título de Sonetos de amor. Aunque ya se conocía su existencia porque había una serie de testimonios que así lo acreditaban, en las Obras Completas del autor13 sólo aparecían dos y con pequeñas diferencias que afectan a los títulos: "El poeta pide a su amor que le escriba" se llama en la edición definitiva "Soneto de la carta"; y el que, sin título, comienza con el endecasílabo "Tengo miedo a perder la maravilla" se titula ahora "Soneto de la dulce queja".

Pasemos a ver estas creaciones:

Gerardo Diego
Romance del Júcar
Agua verde, verde, verde,
agua encantada del Júcar,
verde del pinar serrano
que casi te vio en la cuna
5 -bosques de san sebastianes
en la serranía oscura,
que por el costado herido
resinas de oro rezuman-;
verde de corpiños verdes,
10 ojos verdes, verdes lunas,
de las colmenas, palacios
menores de la dulzura,
y verde -rubor temprano
que te asoma a las espumas-
15 de soñar, soñar -tan niñacon
mediterráneas nupcias.
Álamos, y cuántos álamos
se suicidan por tu culpa,
rompiendo cristales verdes
20 de tu verde, verde urna.
Cuenca, toda de plata,
quiere en ti verse desnuda,
y se estira, de puntillas,
sobre sus treinta columnas.
25 No pienses tanto en tus bodas,
no pienses, agua del Júcar,
que de tan verde te añilas,
te amoratas y te azulas.
No te pintes ya tan pronto
30 colores que no son tuyas.
Tus labios sabrán a sal,
tus pechos sabrán a azúcar
cuando de tan verde, verde,
¿dónde corpiños y lunas,
35 pinos, álamos y torres
y sueños del alto Júcar?


Apareció por primera vez en La Gaceta Literaria (15 de mayo de 1927) y lo incluyó luego en el libro Hasta siempre (Madrid. Mensajes, 1949). En la edición de Obras Completas (Díez de Revenga, F.J. Madrid. Aguilar, 1989) aparece incluido en Geografía (Hasta siempre), vol. I, pp. 565 y 566.


Gerardo Diego
Romance del Huécar
Y el Huécar baja cantando,
sabiendo lo que le espera,
que va al abrazo ladrón
de su nombre y de su herencia.
5 Y el Huécar baja contento
y cantando pasa el Huécar,
torciendo de puro gozo
sus anillos de agua y menta.
Toda la hoz, todo el eco
10 de la noche gigantesca,
se hace silencio de concha
para escuchar su pureza,
porque viene tan vacante,
tan sin cítolas ni ruedas,
15 que está inventando la música
al compás de su inocencia.
Nunca vi un río tan íntimo,
nunca oí un son tan de seda,
es el resbalar de un ángel
20 unicornio por la tierra.
A un lado y otro del tránsito
renuevan su muda alerta
rocas de pasmo sublime
humanadas de conciencia,
25 casas con alma y corona
y, al baño de luna llena,
los descolgados hocinos
sus rocíos centellean.
La creación está aquí,
30 aquí mismo se congregan
el nacimiento del aire,
la voluntad de la piedra.
Y allá en lo hondo -unicornio
entre lanzas que le tiemblan-
35 cosas que sabe del cielo
nos canta el ángel del Huécar.


Se publicó en El "Cordobés" dilucidado y Vuelta del peregrino. (Madrid. Revista de Occidente, 1966). Y en las Obras Completas (ed. de Díez de Revenga, cit., vol. II, pp. 469 y 470).

Federico GARCÍA LORCA
El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca
¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?
5 ¿Viste la grieta azul de luna rota
que el Júcar moja de cristal y trinos?
¿Han besado tus dedos los espinos
que coronan de amor piedra remota?
¿Te acordaste de mí cuando subías
10 al silencio que sufre la serpiente
prisionera de grillos y umbrías?
¿No viste por el aire transparente
una dalia de penas y alegrías
que te mandó mi corazón caliente?

En Obras Completas, ed. de M.G.P., vol. I, cit., p. 631.


Extraído de "Dos romances y un soneto: Diego, Lorca y Cuenca" por Pedro C. Cerrillo

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